

Una expansión imparable
“Se debe subrayar la importante tarea de los perseguidores de cualquier nacimiento…”
Silvio Rodríguez
La Ribera del Duero y sus vinos han estado ahí a lo largo de los siglos, pero nunca han alcanzado la importancia y la fama de que hoy gozan. Los momentos de la Reconquista vieron cómo el viñedo se implantaba en toda esta zona como cultivo mayoritario, adquiriendo una expansión imparable hasta el siglo XIII.
A partir de entonces, momentos de crisis —como la pérdida de influencia política de Valladolid y Burgos en el s XVII— alternaron con otros tiempos y acontecimientos más propicios —caso de la aparición del ferrocarril en la comarca—, determinando una sucesión de altibajos en el sector vinícola; no obstante, la documentación histórica referida a las poblaciones de Peñafiel, Aranda de Duero y Roa demuestra que la viticultura y la elaboración de vino nunca dejó de ser la actividad principal de la Comarca durante los siglos XII al XVII.
A pesar de la coyuntura y gran oportunidad que para los vinos de la región supuso la crisis de la filoxera en Europa y la presencia del ferrocarril en la Ribera del Duero, sus vinos no supieron aprovechar la ocasión para salir de su aislado mercado interior, por lo que durante el siglo XIX y los años iniciales del XX el vino de Ribera continuó siendo un producto encaminado hacia el consumo local.