
viticultores Ribera del Duero
Cuidar el futuro. VII Encuentro de viticultores de Ribera del Duero
El 18 de marzo celebramos el séptimo encuentro de viticultores de Ribera del Duero en Pago de Carraovejas. Una jornada que nos invita a juntarnos justo en ese momento previo a la brotación de la vid para entender hacia donde vamos. Y ser y hacer partícipes a todos nuestros proveedores de uva en Pago de Carraovejas. Este año, particularmente, hemos invitado a algunos viticultores de Rioja, proveedores de nuestro proyecto en Rioja Alavesa Aiurri.
Año tras año, esta jornada se consolida como un espacio de encuentro entre viticultores de la Ribera del Duero y destacadas figuras de ámbitos como la edafología, la climatología o la enología, por poner ejemplos de los últimos años. En Pago de Carraovejas, aproximadamente un 20% de la uva procede de viticultores de distintas zonas de la Denominación de Origen, con quienes compartimos una filosofía basada en el respeto por el entorno y una exigencia constante a lo largo de todo el ciclo vegetativo.
Los retos de los viticultores de Ribera del Duero
El vino está en un momento exigente. Y eso no es una sensación: es una realidad. Pedro Ballesteros MW fue el encargado de ponerle palabras. Repasó una a una las grandes tensiones que atraviesan hoy el sector: el clima, los mercados y el consumo. La viña, como cultivo permanente, está especialmente expuesta a un entorno climático cada vez más inestable. A eso se suma un contexto internacional incierto —aranceles, conflictos, desaceleración de economías clave— y un cambio profundo en los hábitos de consumo, con generaciones jóvenes que se relacionan de otra manera con el alcohol.
A pesar del pesimismo reinante en el sector vitivinícola con estos discursos, Pedro Ballesteros insistió en el optimismo y las posibilidades que surgen en estos momentos, como nuevos acuerdos mercantiles, una diferenciación mayor con otros productos de consumo y la formación que tiene hoy nuestros jóvenes.
“Los del vino somos diferentes”, dijo. Y en esa diferencia hay una oportunidad. Frente a otros productos más ligados a la marca, el vino sigue siendo territorio de descubrimiento. Quien bebe vino no se queda quieto: prueba, compara, busca. Y eso nos obliga —y nos permite— hacer las cosas mejor.
También habló de tecnología, pero no desde el miedo. Como herramienta para avanzar, para tomar mejores decisiones. “El factor limitante del viñedo es el coste del trabajo”, por eso, las nuevas herramientas pueden “alejar la viticultura del esfuerzo físico y acercarla a lo intelectual”. Y dejó otra idea clave: “El vino no vale nada hasta que se vende fuera”. Una forma directa de recordar que el vino necesita salir. Y que el viticultor necesita a la bodega para poner su uva y su región en valor.
En este sentido, explicó la importancia de conseguir más marcas españolas que, con una producción no excesivamente limitada, posiciones los vinos del país entre los mejores del mundo. La regla “50-50-50” que ya cumplen EEUU, Italia y, por supuesto, Francia: más de 50 bodegas, con más de 50.000 botellas a más de 50 euros PVP.
Los viticultores de Ribera del Duero que forman parte de Alma Carraovejas
El resto de la mañana se desarrolló en torno a Alma Carraovejas. Desde dentro, Paulo Cardoso compartió los datos de Alma Carraovejas. Un año de crecimiento, con récord de facturación, impulso en exportación y buen comportamiento general de todos los proyectos. Pero más allá de los números, su mensaje fue claro: hay motivos para el optimismo. Y ese optimismo tiene mucho que ver con el trabajo que empieza en el viñedo.
El cierre lo puso Pedro Ruiz Aragoneses. En un pequeño discurso que sirvió de resumen de la mañana, recordó que llevamos años escuchando que todo se va a acabar. Que si la COVID, que si la guerra en Ucrania, que si las tensiones internacionales. Y, sin embargo, aquí seguimos. El mundo no se ha parado. Y el vino tampoco. Aunque haya miedo por lo que pueda venir, siempre la esperanza tiene que estar por encima.
En ese contexto, lanzó un mensaje directo a los viticultores. “Os necesitamos”.
La mañana acabó con una comida preparada por Ambivium para degustar distintos productos de la tierra elaborados por los compañeros del restaurante. Un servicio especial con el que damos comienzo a la añada 2026.









